Hace aproximadamente diez años la comunicación interpersonal comenzó a modificarse. A principios de los noventa, llegaron los primeros celulares: pesaban 20kg y venían con una valijita (la batería), nunca tenían señal y sólo podían afrontar tal lujoso gasto personas de gran poder adquisitivo. Además, en el caso de un eventual robo, la persona podía defenderse con el propio celular; un golpe con tal objeto tecnológico hacía las veces de ladrillo, de manera mucho más eficaz que el conocido gas-pimienta. Sin embargo, no es ese el cambio comunicacional al cual me gustaría referirme, sino al chat.
En 1995 llegó Internet comercial, y al poco tiempo todos comenzamos a tratar de explotar al máximo las capacidades de nuestra Pentium I. Compramos módem, pedimos el servicio de internet 0610 (todavía no existía AlternativaGratis y esos servicios de Internet gratuita). Esperábamos diez minutos a que el módem se conectara con esos psicodélicos ruidos, luego otros diez minutos para abrir Google. Pero lo que más adrenalina nos daba era el chat, más precisamente el ICQ: allí comenzó el mundo de los emoticones. Primero eran de lo más básicos (no coloco ejemplos porque los paréntesis de los emoticones se confundirían con los del propio paréntesis del texto), la carita feliz, triste, con anteojos, y nada más sofisticado que eso. Pero la evolución llegó, y el (bendito) MSN Messenger trajo decenas de emoticones nuevos, que ya no eran sólo “caritas”, sino objetos cotidianos y diferentes trivialidades aptas para el uso en el chat. Nos vamos acercando al punto que explica el porqué de este nuevo blog.
La evolución de las versiones del Messenger hizo que los usuarios, mediante el uso de un simple programa, pudieran crear sus propios emoticones a partir de imágenes o de pequeños videos. Fue así como aparecieron en los chats situaciones (tristemente) célebres: el cabezazo de Zidane a Gattuso, la cara de Paolo el rockero o Bin Laden disparando un fusil. Todos aquellos íconos tenían más o menos establecida su significación; o bien eran simplemente remisiones a objetos, personajes o situaciones. Sin embargo, hubo un emoticon que rompió con este paradigma y dejó alucinados a los usuarios del Messenger: la cara de Baby. Se trataba de un pequeño retrato de uno de los más prestigiosos actores argentinos y principal exponente del pensamiento de izquierda en Argentina (nunca mentí tanto en mi vida). El personaje no había sido tomado en su mejor expresión facial, situación que lo hacía bastante cómico; de todos modos una buena foto no hubiera mejorado mucho su aspecto. Enseguida, los chateantes observaron con sorpresa que el emoticon poseía una extrema polisemia: se adecuaba a cientos de situaciones, lograba poner en ridículo cualquier expresión. Por ejemplo, ante un mal chiste, el interlocutor respondía con una cara de Baby; ante un comentario acerca del clima, el interlocutor volvía a responder con una cara de Baby. Y así hasta el hartazgo. Este nuevo concepto del chat fue desplazando paulatinamente a los demás emoticones, logrando un monopolio nunca antes visto en el mundo del chat.


Al pasar las semanas, el grupo más afectado por este "fenómeno baby" (se comenta que la mayoría eran estudiantes de Comunicación de la UBA), comenzó a incorporar la expresión "cara de Baby" en la vida cotidiana.
Citemos a modo de ejemplo una conversación trivial:
(pregunta) - Tengo dos parciales en una semana... un garrón
(respuesta) - Cara de Baby.
La respuesta simplificaba todo lo que el sujeto quería responder, y además, todo lo que el otro sujeto quería escuchar como respuesta. Se comenta que también estos sujetos utilizaban la expresión haciendo gestos. Es decir, haciendo el gesto de la cara de Baby (que consistía en girar la cabeza hacia un costado -preferentemente la derecha- y poner...cara de Baby). Además, el concepto evolucionó hacia modos superlativos, para asignar significado a situaciones por demás adversas: son ejemplos la frase "cara de baby al cubo", o "millones de caras de baby".
Es así como surgió este simple y a la vez enigmático símbolo. Este blog intentará hacer culto de su semiosis, analizando los hechos sociales desde una perspectiva Baby.